La Globalización: ¿Amenaza a la Diversidad Cultural?
martes, 07 diciembre 2004
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Para comenzar, diremos que el proceso de globalización no es de ninguna manera un proceso natural, es decir, un proceso que se desarrolla de acuerdo a ciertas leyes naturales como las leyes del mercado, como se explica generalmente. Estas leyes naturales del mercado no existen ni existirán nunca porque la economía, como cualquier otra actividad humana, es algo intencional, dependiente de la voluntad, los deseos y los proyectos de seres humanos. La globalización se observa como un proceso intencional, guiado, como la expresión de un modelo económico que conlleva una ideología específica y una visión del mundo. Esta ideología tiene un nombre, se llama capitalismo especulativo, es decir, el capitalismo en su más reciente fase de desarrollo, en el cual la expansión de la economía no está ya ligada a la producción sino al mercado financiero especulativo. Para decirlo más sencillamente, estamos hablando de la ideología de hacer dinero del dinero, y a nivel cultural, de la religión del dinero.
En la vanguardia de esta ideología están las corporaciones multinacionales y los bancos. Son instituciones intrínsecamente transnacionales y no están necesariamente ligadas a un país en particular, aún cuando muchas de ellas tienen sus raíces en Occidente. Desde que este proceso comenzó el siglo pasado, estas estructuras no han parado la expansión de su influencia en cada rincón del mundo, y han concentrado su poder a través de adquisiciones y fusiones sorprendentemente rápidos. El aumento de su poder ha sido ligado directamente a la pérdida de autoridad y legitimidad de los estados nacionales, un fenómeno característico de la segunda mitad del siglo pasado. Estas multinacionales y bancos han tratado de superar y trascender las barreras y restricciones impuestas por los estados nacionales, y al hacer esto han creado una suerte de estado paralelo con sus propias reglas y procedimientos. Este estado paralelo ha alcanzado un nivel increíble de poder. El capital puede ahora fluir de un país a otro en segundos y hasta los países más poderosos, e inclusive los bloques regionales, reconocen su incapacidad de controlarlo.
Para dar un ejemplo reciente: la Unión Europea que consiste de 15 estados miembros es actualmente el bloque económico más grande del mundo. En su ultima reunión bi-anual en Helsinski, en Diciembre de 1999, un tema a discutir fue cómo pagar los programas de ayuda social de los países miembros. Debido a restricciones auto impuestas de control de déficit, el dinero debía provenir de ingresos de algún tipo. Se propuso un impuesto a las ganancias de capital de ciudadanos europeos que invirtieran en la bolsa de Londres. Las autoridades Británicas se rehusaron explicando que tal impuesto daría como resultado la fuga de capital de Londres a otros mercados. Así se ha producido un atasco entre Gran Bretaña y el resto de los países miembros de la Unión Europea que aun continúa sin resolverse. Lo que se hace evidente en esta situación es que el bloque económico más grande del mundo no es capaz de cobrar impuestos a sus ciudadanos más ricos–aquellos que se pueden dar el lujo de especular en el mercado financiero. Por esta razón vemos una disminución mundial de presupuestos en la salud, educación, pensiones y otras formas de asistencia pública. Parece que ningún país puede domar ese monstruo sin control que es el capital especulativo.