El resultado de las conquistas de Alejandro Magno en el s/ IV aC en Europa, Asia y África fueron una mayor libertad para viajar y comerciar y la apertura para la búsqueda y exploración de regiones remotas. Los horizontes del conocimiento humano se vieron ampliados como lo fueron después con los descubrimientos geográficos de s/XV o, actualmente, con las exploraciones espaciales. El momento histórico que acompañó estas conquistas fue un auge de creatividad intelectual en literatura, arte y filosofía.
Macedonia, cuna de Alejandro, no era aceptada como parte de la cultura clásica griega, pero progresó rápidamente en los s/V y IV aC. Desde Arquéalo a Filipo II, los reyes de macedonia tuvieron como objetivo la helenización, afirmando el origen helénico de la familia real desde el s/V. La corte macedónica había acogido y recogido muchos distinguidos intelectuales griegos: Píndaro y Barquílides, Hipócrates, Timoteo, Zeuxis, Querilo, Agatón y Eurípides que pasó sus últimos años en Pella; cuando Filipo conquistó las minas de oro de la frontera oriental, la riqueza atrajo gran cantidad de artistas, secretarios, médicos, filósofos e ingenieros de todo el mundo egeo. No resulta extraño, pues, que Filipo escogiera a Aristóteles como preceptor de su hijo. Aristóteles ejerció gran influencia en la educación de Alejandro, que era amante de la literatura y la lectura: leía a Heródoto, Jenofonte, Filisto, los ditirambos de Telestes y Filoxeno, las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides y, sobre todo a Homero (siempre llevaba consigo La Ilíada en un estuche enjoyado capturado a los persas). Además Alejandro tenía un espíritu curioso y penetrante, nunca dejó de anotar observaciones sobre los países que conquistaba y observaba, exploraba y extraía conclusiones de las operaciones militares. Era prudente, meticuloso y observador y su curiosidad intelectual se manifestaba también entre los compañeros educados con él en el Palacio Real de Pella Desde antiguo el Nilo había intrigado a los sabios, bien por desconocer su nacimiento, en el desierto, bien porque su crecida se produce en verano. También Alejandro quería descubrir las fuentes del Nilo, que confundió con el Indo cuando llegó a la India (ambos ríos albergan cocodrilos y crecen en verano, además de observar en ambos la presencia de una variedad de judía similar a la egipcia); se dio cuenta de que el Indo desembocaba en el Océano Índico y que no tenía ninguna conexión por Egipto. Alejandro murió en el 323 aC, cuando había iniciado los preparativos para la circunnavegación de la Península Arábiga y los informes que ordenó hacer para este proyecto suscitaron gran interés por el estudio científico de la Tierra, de sus riquezas naturales y de sus habitantes. En este espíritu nacieron la Biblioteca y el Museo.