Tras la caída del imperio Romano, Europa occidental entró en la Edad Media. Esta Europa, fragmentada en feudos, se hundió en la ignorancia y en el desconocimiento de los grandes avances de los pueblos de la antigüedad.
El saber de las civilizaciones griega, mesopotámica, egipcia, persa e india, sintetizado en lo que hoy conocemos como cultura helenística, se preservó en Bizancio y, anteriormente, en Alejandría, Pérgamo y Antioquia.
Estos centros de conocimiento, antes de su ocaso definitivo, lograron transmitir su legado a otros puntos, a otras culturas. Y con el paso de los siglos, de accidente en accidente, fueron llegando a Europa revolucionando la Medicina, las Matemáticas, las Artes y el Pensamiento en general: se estaba acercando el Renacimiento, que vino precedido de fenómenos de recuperación cultural en Sicilia, Nápoles, Tarazona, Gerona y Toledo.
Los árabes, en su expansión a partir del siglo VII, entraron en contacto con diferentes culturas, como la India, la Persa y, especialmente, con el Imperio Bizantino donde conectaron con la cultura clásica griega allí preservada.
Estudiaron y tradujeron a los clásicos y continuaron la labor de investigación de la cultura helenística, generando nuevas producciones. Esta recopilación cultural del Islam llegó a la Península Ibérica a finales del siglo VIII, de manos de la dinastía Omeya.
El califato de Córdoba, es sustituido por pequeños reinos de Taifas. En el año 1050 Toledo es uno de los más importantes. Y en él gobierna el califa Al-Ma´mun.
Este hombre quiere imitar a su homónimo Al-Ma´mun de Bagdad que vivió en el siglo IX y fue legendario protector de las ciencias y las artes.
El rey Al-Ma´mum, en Toledo, se rodea de cuantos científicos y sabios puede reunir y promueve la biblioteca más avanzada de la época compuesta, en parte, por volúmenes procedentes de la gran biblioteca de Córdoba que fue famosa bajo la protección de los Omeyas.
Cuando en 1085, Toledo capitula ante Alfonso VI, los cristianos quedan deslumbrados por la belleza y cultura de la ciudad árabe. Allí encuentran obras con temas inéditos para su mundo. Así, por ejemplo, quedan sorprendidos por la existencia de libros de Medicina, como los de Avicena donde se diagnostican enfermedades y se proponen tratamientos, cosa desconocida para ellos.