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La muerte en las culturas andinas |
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domingo, 05 diciembre 2004 |
Desde que el ser humano tiene noción de la vida también tiene conciencia de la muerte. Sin embargo, el sentido y la forma en que se integra este hecho en los miembros de una cultura respecto a otra es marcadamente diferente. Así en el siglo XV los católicos enterraban a sus muertos dentro de las Iglesias como forma de protegerlos en un campo santo, en tanto en los territorios del Tahuantinsuyo Incaico, conformado por los actuales territorios de Perú , Ecuador, Bolivia, parte del sur de Colombia, parte del norte actual de Chile enterraban a sus muertos en chullpas que son construcciones especiales para los muertos.
La majestuosidad de los cementerios incaicos que han subsistido al tiempo, como las ruinas de Sillustani en Puno Perú dan cuenta de una integración positiva de la muerte. La tenebrosidad de las iglesias cementerio del siglo XV en Ubeda España son un ejemplo de una integración negativa de la muerte, plasmada en muestras históricas y culturales visibles en nuestro tiempo.
No es casual que mientras en Europa la gente se vestía de negro y lloraba sus muertos, en la región del incario los habitantes se ponían sus mejores trajes de colores y hacían una ceremonia y fiesta para los muertos. Está relación con la muerte aun pervive en las culturas de la región andina que se contraponen con la lógica de dolor de la cultura occidental.
Este es el inicio para explicar un estado interno de las personas, que se manifiesta en una relación constante de incoherencia con el sistema occidental. Esto se da especialmente en el área rural, donde está asentada la cultura andina en las comunidades indígenas. La muerte de cualquier miembro de la comunidad se celebra con bebida, picchado de coca, música y baile. El llanto es más simbólico ante una persona que se conoce y se va a vivir otro proceso que es parte de la naturaleza y de la vida.
Una persona que muere es un alma que si tiene un buen proceso protege y visita a los suyos una vez al año el primero de noviembre en el día de difuntos. Por ello, en Bolivia en está época se preparan las "tumbas" que son mesas con masas de todo tipo, comida, bebida, fruta, etc. para recibir a las almas, compartir con ellas y hacer que estás no sufran se vayan en paz, vuelvan al siguiente año.
Así la relación con la muerte no es de miedo, ni de dolor porque este sentido no existe. Tampoco tiene un sentido de recompensa en el reino de Dios como lo tiene para los católicos occidentales. En la cultura andina es un proceso constante que no tiene final ni inicio, es una existencia paralela a la propia existencia en vida. En consecuencia no se da un sentido de tensión negativa.
Así se explican todos los fracasos de programas de prevención en las culturas andinas indígenas. Porque generalmente el enfoque es anteponer una condición como advertencia para que ocurra o no la muerte y esto no tiene el efecto esperado en la población beneficiaria. Un ejemplo muy conocido es el impulso que dio el Banco Interamericano de Desarrollo para la construcción de letrinas en varias comunidades aymaras, como parte de un programa de prevención sanitaria, los resultados fueron un total fracaso porque los beneficiarios no las utilizaron y en muchos casos se convirtieron en cuartos de almacenamiento. La lógica de la advertencia no funcionó porque el indígena no tiene miedo a la muerte y sus prioridades son otras, como este ejemplo hay muchos más que son incomprensibles para los occidentales.
No es raro observar el afán de censura frente a lo que se considera como salvaje o incoherente, porque no se entiende como continua la fiesta cuando debería haber duelo, como se puede bailar luego de una catástrofe, como reír cuando hay muertos que llorar. Así no se entiende como continuo el Carnaval de Oruro luego de la confrontación sangrienta entre bolivianos el 12 de febrero y se trata de comparar el comportamiento con lo que ocurrió en Estados Unidos con las Torres Gemelas, la comparación resulta falsa porque obedecen a dos sentidos diametralmente diferentes, difíciles de entender por un ojo que no tiene esa vivencia interna, pero de certeza lógica entre los que sienten en su interior que el miedo a la muerte, como termino o fatalidad no existe.
Por eso el carnaval seguirá su curso, si hay muertos se dirá que la fiesta se la hace para bien de ellos, para que se vayan felices. Lo que se escucha es “para ellos más se lo vamos a bailar”, “se los vamos a Challar” y los bailarines seguirán bailando así será se diga lo que se diga, con una rebelión traducida en danza llena de alegría, ante un mundo indolente que llora a los muertos y no llora a los vivos, que tiene miedo de la muerte y no tiene miedo a vivir una constante incoherencia en la vida.
Rosmery Uyuli
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Ultima actualización ( miércoles, 08 diciembre 2004 )
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